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Creemos que el mundo será más rico en la medida en la que más personas participen de él.
Historia Fundación

Historia

La Fundación inició su camino cuando, en 1948, Carmen Pardo-Valcarce escuchó la petición de las personas que, enfermas de lepra, vivían en la leprosería de Trillo, en Guadalajara. El deseo unánime de aquella gente fue el de que sus hijos pudieran criarse y educarse en un entorno libre de la enfermedad. Había en aquella petición tal grado de amor y de generosidad, que Carmen no pudo desoírla. En pocos años, tras un acuerdo con el Instituto Nacional de Previsión, se compraron los terrenos situados frente a la que es hoy la colonia de Mirasierra en Madrid, y se construyó el preventorio que sigue siendo en la actualidad el icono de nuestra Fundación. La obra que Carmen Pardo-Valcarce creó entonces para enfrentarse a aquel reto recibió el nombre de Patronato del Niño Jesús del Remedio.

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Transcurrieron los años y el preventorio cumplió con sobresaliente su función: entre los cientos de niños que pasaron por él no se detectó ni un solo caso de contagio por la enfermedad.

Rosario Cavestany Pardo-Valcarce, hija de Carmen, ocupó su lugar en 1967, cuando ésta murió. Fueron años en los que la lepra estaba siendo erradicada y en que los enfermos podían ya recibir tratamientos ambulatorios desde sus domicilios. Rosario solventó con sabiduría la situación: hizo convivir en las instalaciones del Patronato al cada vez menor número de hijos de enfermos de lepra con niños que, por diversos motivos, carecían del necesario arraigo familiar.

Pero, transcurrido el tiempo, Rosario fue consciente de que aquello no era suficiente, y también comprendió que hacía falta alguien con la juventud y el empuje necesarios para dar un rumbo nuevo a lo que su madre había fundado. Y no tuvo que buscar. Su única hija, Carmen, llamada así en recuerdo de su abuela, asumió el reto.

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Carmen Cafranga Cavestany, actual presidenta de la Fundación Carmen Pardo-Valcarce, meditó con cuidado el destino que dar al legado de sus antecesoras, aunque no tardó en comprender que, si su abuela se había dedicado a niños y jóvenes con desarraigo social, ella tenía que continuar con esa labor. Y apostó por la integración en la sociedad de aquellas personas que, por su discapacidad intelectual, se sintieran injustificadamente diferentes y apartadas del mundo en el que vivían.

Creó, en memoria de su abuela, la Fundación Carmen Pardo-Valcarce, que, en pocos años, ha llegado a ser un referente mundial en su ámbito de actuación. En 2008, llegó el reconocimiento internacional. En ese año, Naciones Unidas incluyó la Fundación en su Business Guide, relación de las ochenta y cinco ONGs mundiales de mayor confianza para formalizar alianzas con empresas.

Carmen y Almudena

Pero la saga de mujeres que comenzara en 1948 con Carmen Pardo-Valcarce no se ha detenido. Almudena Martorell Cafranga, hija de Carmen, es actualmente directora de la Fundación. Su dedicación y amplia formación hacen que la labor que hace ya más de medio siglo fundó su bisabuela, continúe creciendo.

Historia Actual

En el año 1988, Carmen Cafranga con un grupo de jóvenes profesores, el catedrático Luis Zabalegui y la actual adjunta a la Presidencia, Maria Luisa Basa, concierta con el Ministerio de Educación un Centro de Formación Profesional Adaptada de primer grado en el que se forman jóvenes (mayores de dieciséis años) con fracaso escolar y grave riesgo de exclusión social.

Son años difíciles con una población especialmente conflictiva, pero con este cualificado equipo de profesionales docentes cargados de ilusión, se consiguen importantes avances.

En el año 1996, las competencias en educación son asumidas por las Comunidades Autónomas, y el Centro de Formación Profesional, con un amplio prestigio en la ciudad de Madrid en el ámbito de la atención a personas con necesidades educativas especiales, se convierte en el Centro de Educación Especial “Niño Jesús del Remedio”.

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Además de la formación académica, también nos preocupamos de la formación deportiva, y nos hemos convertido en un importante centro en España por nuestros logros, creando un Club Deportivo inscrito en la Federación Madrileña de Deportes para personas con discapacidad intelectual.

En 1990, se creó la Fundación Carmen Pardo-Valcarce, entidad titular del Centro Ocupacional Pardo-Valcarce, en recuerdo de la fundadora de la Institución, para favorecer la inserción laboral como medida de normalización para los jóvenes con especiales dificultades.

Este Centro, dirigido hasta el año 2007 por Luis Zabalegui, autorizado y concertado con la Comunidad de Madrid, ha formado a cantidad de personas con discapacidad intelectual entre los dieciocho y los sesenta y cinco años, en diferentes talleres profesionales (viveros, manipulados de clasificación, lavandería, carpintería, decoración, pintura, automóviles, floristería, etc.).

El siguiente reto ha sido lograr la incorporación al mundo del trabajo ordinario de los jóvenes con discapacidad intelectual, objetivo prioritario de los Centros Ocupacionales.

Se crean tres sociedades limitadas, constituidas y autorizadas como Centros Especiales de Empleo, cuyas plantillas están integradas en un noventa por ciento por personas con minusvalía oficialmente reconocida. En la actualidad, hay contratados más de noventa empleados con discapacidad intelectual o física. Todos ellos disfrutan de sus derechos como trabajadores.

Pero la actividad de la Fundación se desarrolla también en otros ámbitos.

En el año 2002, se crea la Vivienda Tutelada Pardo-Valcarce para aquellas personas discapacitadas que, bien por carecer de un recurso familiar de alojamiento o bien por querer acceder a una vida más autónoma, deciden solicitar una plaza en estos pisos.

En el año 2005 se funda el Centro de Día “Diem” (discapacidad intelectual y enfermedad mental), centro pionero en la Comunidad de Madrid que, desde al año 2005, acoge a veinte usuarios de ambos sexos afectados por discapacidad y trastornos de conducta con objeto de lograr su rehabilitación psicosocial mediante innovadoras prácticas terapéuticas.

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Pero además, las dos Instituciones que preside Carmen Cafranga Cavestany han extendido su influencia más allá de nuestras fronteras.

La Asociación Niño Jesús del Remedio imparte cursos de formación para profesores de Educación Especial en diversas universidades de Iberoamérica y el Colegio realiza un Proyecto de Intercambio con otro colegio escocés desde hace quince años.

Por su lado, la Fundación Carmen Pardo-Valcarce gestiona desde 2001 Programas de Cooperación al Desarrollo en ocho países de Centroamérica y América del sur (países andinos).

Asociación y Fundación han desarrollado también varios Proyectos de Iniciativas Comunitarias Europeas a favor de la inserción social y de la integración laboral de personas y colectivos en riesgo de exclusión.

Desde el año 2004, la Fundación Carmen Pardo-Valcarce comienza su labor investigadora, recibiendo numerosos premios por esta labor.

Y, más recientemente, la lucha por la integración continúa. En 2006, se funda la Oficina de Empleo, orientada a la inclusión laboral de las personas con discapacidad intelectual en la empresa ordinaria.

Trabajando a caballo con las familias, la Administración y muy en concreto con el tejido empresarial español, ya son más de 150 los jóvenes con discapacidad intelectual que se han insertado en empresas, además de los múltiples convenios firmados y la labor de concienciación realizada a través de diversas actividades.

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En la actualidad, se desarrolla un proyecto innovador de gran relevancia social y que ha tenido una extraordinaria repercusión mediática. Se trata de la Unidad de Atención a Víctimas con Discapacidad Intelectual. Recurso especializado en casos de abuso sexual a personas con discapacidad intelectual. Se lleva a cabo en colaboración con la Guardia Civil y su equipo de psicólogos de la Sección de Análisis del Comportamiento Delictivo y cuenta con la financiación de la Fundación MAPFRE.

En el año 2011, se ha puesto en marcha el proyecto medioambiental "Rus In Urbe". Consiste en la creación, diseño y mantenimiento de ciento cincuenta "huertos urbanos" cuyo objetivo prioritario es acercar el campo a los habitantes de la ciudad. Los jóvenes trabajadores con discapacidad de la Fundación, expertos viveristas y horticultores, actúan como "personal keeper" de todos aquellos usuarios de los huertos que requieren asesoramiento y orientación especializada para obtener el más eficiente rendimiento de sus parcelas.

Como ya hemos reseñado, estas últimas iniciativas, unidas a todas las anteriores, han hecho que en 2007 recibiéramos el especial reconocimiento de las Naciones Unidas.